Conversaciones en la almohada
Hay algo que me llena de orgullo: Clauz, mi esposa, dice que yo le he ayudado a su desarrollo personal y profesional. Me hace muy feliz que ella lo considere de esa forma. Yo simplemente cumplo con no quedarme callado cuando pienso que puedo aportar. Lo hago sin cantaleta, sin hacer el papel de papá o de jefe. Y hago muchas preguntas: ‘¿Te ayudaría si haces tal cosa?’, por ejemplo. A pesar de mi tendencia criticona trato de no excederme. Y hago los comentarios una sola vez, para no ponerme aburridor.
Parece que ha funcionado. Varios de mis consejos, mejorados por ella en varias ocasiones, han sido prácticas exitosas. Cuando los asuntos de la empresa son confidenciales no hay a quién más preguntarle que al vecino o vecina de almohada porque uno sabe que de allí no salen. O así no haya que mantenerlos en secreto, una charla en el carro mientras se regresa a la casa o mientras se toma el último té o café de la noche antes de dormir sirve así sea para escucharse a uno mismo contando el cuento. Me ha funcionado en mi papel de ‘entrenador personal’ de Clauz. Pero lo mejor es que ella piensa que lo que yo he hecho la ha apoyado. Lo que quiero es que ella crezca y mejore. No que yo me lleve los méritos. Al fin y al cabo yo sólo hablo y ella es quien actúa.
Yo puedo también decir que gracias a ella he avanzado y soy mejor persona que antes. Gracias y mil besitos para ella.

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