Aunque me muerda los labios
Tengo la maña de no perderme las conversaciones ajenas y muchas veces tengo que morderme los labios para no intervenir cuando el tema es especialmente interesante. Me sucede en ascensores, restaurantes, en la portería de mi edificio o en cualquier bus. Mi hermana Laura tiene una afición parecida y cuando vamos los dos podemos empezar a hablar entre nosotros de las conversaciones ajenas sin que nos hayamos puesto de acuerdo. Uno de nosotros opina o comenta sobre la charla de la mesa vecina y el otro le sigue el tema como si hubiéramos estado hablando de eso tiempo atrás.
Opinar en los blogs es para mí como meterme en las conversaciones ajenas, solo que en ellos me invitan a participar. Me encanta meter la cucharada así sea para decir "estoy de acuerdo".
Pero cuando siento que intervengo mucho en las conversaciones de un bloguero dejo de opinar aunque permanezca escuchando lo que hablan los vecinos y por un tiempo me muerda los labios o me amarre los dedos para no opinar de nuevo. Y busco otras charlas donde meter mi cucharada.

