De las crónicas de la ciudad
Por Jairo Aníbal Niño
1977
El señor presidente, olisqueando su pañuelo empapado en agua de lavanda, se paseaba por el mercado público en cumplimiento de su promesa electoral, de que cada ocho días se pondría en contacto con el pueblo. Salto con agilidad un pequeño charco de agua podrida y se puso a estrechar manos sudorosas y de una aspereza de piedras de volcán. De pronto, se dio cuenta que su finísimo reloj de oro había desaparecido. Se empinó en la punta de sus zapatos de charol y vislumbró el correr desalado de un muchacho. Con todas las fuerzas de sus pulmones gritó: ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! ¡Agarren al ladrón! ¡Maten al ladrón!
Entonces la muchedumbre se abalanzó contra el ladrón. Su guardia personal, solo pudo rescatar un par de ensangrentados zapatos de Charol.


maravilloso minicuento de Jairo Aníbal, amigo. Un abrazo desde Venezuela
Comment by la maga — 17 June 2007 @ 1:57 am
Hola maga, En este estado de cosas, cada país podrá poner el nombre que más se le ajuste a su ladrón.
¡Qué diferencia lo que escribía Jairo Aníbal hace 30 años con lo que publica hoy! Ni mejor ni peor, sino de una temática muy diferente.
Saludos
Comment by Mauricio — 17 June 2007 @ 1:39 pm