En Medio del Ruido

29 September 2007

Lo que los otros ven

Filed under: Personales, Literatura

Hace como un año fue lanzada una convocatoria a escribir relatos de menos de 600 palabras sobre Bogotá. También podían grabarse de viva voz en una cabina diseñada para el efecto. Después de tantos meses fue publicada la lista de elegidos y uno de mis relatos se encuentra entre ellos. En realidad había perdido la esperanza de ser incluido.

Thilo Hanisch dedicó un emotivo post a los blogueros incluidos en los ganadores, dos de los cuales éramos fácilmente identificables porque usamos nuestros nombres propios en la blogosfera. Como le decía a Thilo, a veces los demás dan más importancia que uno mismo a los logros alcanzados y reconozco que me emocioné por la elección mucho pero con mis reservas. EL texto de Thilo me reanimó sin dudas.

Los escogidos fueron 80 relatos entre los cuales estoy seguro que hay muchos creados por blogueros a los que no reconocemos porque no los leemos (es imposible leer tanto blog bueno que hay) o porque usan seudónimo para publicar en la blogosfera. Patton ya nos informó, por ejemplo, que aparte de Julio Suárez Anturi y yo también está Maria Paula Lorgia*. Y Julio mismo nos cuenta que Blue elephant también está. Yo apostaría que hay al menos 10 blogueros y blogueras entre los escogidos.

Este suceso me ha hecho reflexionar en algunas cosas:

  1. Ya lo dije, muchas veces los demás le dan más importancia a nuestros logros
  2. Debo ser más agradecido con la escritura y practicarla con regularidad. No solo la de éste y mis otros blogs sino la que es más concienzuda y termina produciendo cuentos que no se publican. En realidad se ha vuelto algo esporádico.
  3. Gabo dijo alguna vez que no volvía a leer sus obras finalizadas y publicadas. Hoy releí el relato escogido y entendí por qué el maestro no se relee. Encontré muchas oportunidades de mejorar el escrito enviado y elegido por los jurados. ¿Demasiado tarde?
Sé que este no es el premio Juan Rulfo de cuento pero que se sepa que también le estoy apuntando a ese. ¿Cuándo le atinaré?

* No encontré el blog de Maria Paula y Patton no nos da su dirección (seguramente no quiere perder su anonimato en la red y debe ser famosísima)

17 June 2007

De las crónicas de la ciudad

Por Jairo Aníbal Niño
1977

El señor presidente, olisqueando su pañuelo empapado en agua de lavanda, se paseaba por el mercado público en cumplimiento de su promesa electoral, de que cada ocho días se pondría en contacto con el pueblo. Salto con agilidad un pequeño charco de agua podrida y se puso a estrechar manos sudorosas y de una aspereza de piedras de volcán. De pronto, se dio cuenta que su finísimo reloj de oro había desaparecido. Se empinó en la punta de sus zapatos de charol y vislumbró el correr desalado de un muchacho. Con todas las fuerzas de sus pulmones gritó: ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! ¡Agarren al ladrón! ¡Maten al ladrón!

Entonces la muchedumbre se abalanzó contra el ladrón. Su guardia personal, solo pudo rescatar un par de ensangrentados zapatos de Charol.

12 April 2007

Carta de la persistencia

Una carta de la persistencia. Tal vez no se ajuste mucho al propósito de la convocatoria pero aquí dejo mi contribución para la cita del 12 de abril de 2007.

……

El humo de la locomotora permanece en el ambiente por muchos minutos y huele como a pólvora de munición. Todos los días quedo impregnado de su olor cuando me ubico al lado de la vía a esperarte. Son tres maquinistas los que usualmente conducen el tren que nunca se detiene y ya me saludan cuando sacan su cabeza por la ventana para ver si ese día no he faltado a la cita que siempre cumplimos sin haberla acordado.

No sé qué pensarán al verme, yo solo espero encontrarte en alguna las escasas ventanillas que pasan frente a mi cada tarde, a veces noche. Cuando la barrera comienza a levantarse para dar paso a los imaginarios vehículos que no pasan por esta carretera de polvo yo doy vuelta y tomo camino a casa, bajo la sombra que los árboles me dan del crepúsculo o de la luz de la luna, plateada y fría.

Mañana lanzaré esta carta para que el maquinista se encargue de hacértela llegar. Ese viejo tren anda tan lento que no tendré problema en introducirla por el espacio sin vidrio por donde me observa a diario el hombre de la gorra gris.

A partir de pasado mañana no solo esperaré tu llegada sino la eventual respuesta a esta carta atrevida y asombrada que empezará una aventura que ni tú ni yo podremos contar.

Te espero.

3 April 2007

Apadrinando palabras

Filed under: Literatura
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Gabriel García-Márquez (Cien años de soledad)

Ahora que saco tiempo para escribir, los demás blogueros sacan tiempo para viajar. Bueno, si uno escribiera solo para que lo leyeran, ésta sería la peor estrategia.

Resulta que la escuela de escritores ha lanzado una convocatoria para abrazar viejas palabras que hoy están cayendo en desuso, sea porque sus conceptos se han perdido, porque han sido desplazadas por extranjerismos o por otras varias razones:

Todos, quien más, quien menos, tenemos alguna palabra asociada al corazón, adscrita a la memoria, eco de nuestra infancia. Chiquilicuatre, locatigüisquis, pintiparado. Una palabra que hace años que no oyes y sin embargo te pertenece. Saltimbanqui, querubín, cáspita. Una palabra que, desde luego, no consentirías que nadie te arrebatase. Abarloar, organdí, zarzaparrilla. Una palabra, al fin, que te gustaría que siguiera viva cuando ya no estés.

Queremos que nos ayudes a salvar el mayor número posible de esas palabras amenazadas por la pobreza léxica, barridas por el lenguaje políticamente correcto, sustituidas por una tecnocracia lingüística que convierte en “técnicos de superficie” a los barrenderos de toda la vida o perseguidas por extranjerismos furtivos que nos fuerzan a hacer ‘outsourcing’ de recursos en lugar de subcontratar gente.

Como siempre, cuando lo ponen a uno a pensar aparece el bloqueo. Pero mi esposa me regaló una para la lista: Lunfardo

¿Cuál es la tuya? Escríbela en los comentarios. Si te da miedo ingresar tu clave de gmail por aquello de los malandros que roban claves, deja tu comentario anónimo y firma con tu nombre.

Apadrinando palabras: todos los datos aquí

15 November 2006

No al silencio

Filed under: Literatura, Bogotá, Blogs

Acabo de encontrarme un blog lo más de bacano. Se llama No al Silencio, está en su versión 3.0 y lo hallé gracias a que don Stultaviro lo tiene en su blogroll.

Son crónicas muy amenas y muy bien escritas de lo que el  autor llama "viaje al fondo de la vida cotidiana". Para aquellos que no le teman a las entradas medianamente largas y quieran deleitarse de algo bien pensado, se los recomiendo.

Vínculo de ‘No al silencio’
 

14 October 2006

Para quién escribe un Nobel

Filed under: Literatura

En El País fue publicado un artículo de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, donde explica por qué y para quién escribe. Lo copié y lo vinculé en mi blog Pido la palabra. Aquí está el link para quienes quieran enterarse un poco del tema.

12 October 2006

Regresar por El Dorado

Texto preparado para la convocatoria Bogotá por Bogotá

———————–

Llegas desde algún país extranjero después un largo viaje. Fatigado como nunca sales del avión y te introduces en un largo, estrecho, caluroso e incómodo túnel que un par de horas después te llevará frente al funcionario de la inmigración que te sellará el pasaporte. Tu viaje empezó mucho antes de abordar el avión porque debiste presentarte al mostrador de la aerolínea varias horas antes de abordar. Tal vez en ese proceso tuviste que arrastrar por un tiempo tus maletas atiborradas de regalos, así que en el momento que desciendes en Bogotá, el agotamiento es visible. No solo eres tú; si miras a tus vecinos, provenientes de tu mismo vuelo, o tal vez de algún otro, verás que es casi una enfermedad contagiosa. No es culpa de los funcionarios de El Dorado pero ellos no se esfuerzan en hacerte amable el regreso.

Tal vez durante las extensas decenas de minutos en medio de un tumulto que no tiene forma, sientes los deseos apremiantes de ir al baño. No puedes entregar a ningún desconocido tu equipaje; tal vez se pierda algo. Pero si tienes compañía puedes ir a buscar el único baño del pasillo y esperar turno para que te den autorización de cumplir con tu urgencia. Al final del túnel que resultó ser un embudo, el pasillo se abre y en frente tienes muchas ventanillas donde podrías hacer inmigración, aunque la mayoría vacías. El hecho es que de una montonera pasas a formar unas filas incómodas, en un espacio corto que no da la posibilidad de hacerlas tan largas y paralelas como debieran. De unos meses para acá ha cambiado un poco. Ahora haces fila haciendo parte de una interminable serpiente que se retuerce aunque te demoras el mismo tiempo. Es mejor que no pienses cuánto llevas en este proceso ni en la espera de tu familia que vino a recogerte. Tampoco en las posibilidades que ha tenido tu equipaje de ser saqueado.

Cuando vas a tomar tu equipaje de las bandas te das cuenta que no has llenado el formulario de impuestos que tienes que entregar al cruzar el semáforo qué esta vez tampoco funciona. Entonces quedas al libre designio del agente que te revisa y te envía a que pases tus maletotas por un aparato de rayos x que las escarba sin tocarlas. Pero hay que subirlas a una máquina bastante incómoda y nadie te ayuda. Los empleados del aeropuerto son indolentes a tu cansancio y los otros viajeros están tan embolatados como tú. Rezas para que no te envíen a la mesa de revisión manual porque recuerdas el tiempo que demoraste empacando tu ropa sucia y los regalos. Cuando de la boca del monstruoso aparato sale tu equipaje aparece un amable personaje de uniforme horrible que se ofrece a llevar tus maletas hasta el vehículo.

 Finalmente te recibe el aire frío de la noche, tus familiares de verdad se alegran de verte (porque ya pronto dejarán de aguantar frío). Alguno va al parqueadero a pagar por el carro. Pero el personaje “amable” que te llevaba el equipaje lo descarga en cualquier calzada y le hace mala cara a quien te acompaña porque solo le dio un billete de dos mil pesos. Por último, el auto es pequeño, tus maletas grandes y tanta gente que viene a recibirte hace que no sea posible que todo y todos quepan en él. Así, en dos carros, uno de ellos un taxi que sabes oneroso, te diriges finalmente a casa por la hermosa avenida a El Dorado.

7 October 2006

Crema de Tomate

Filed under: Literatura

Este texto surgió de uno de los ejercicios del diplomado que hice este año.

Rojo y viscoso color que te vas desplomando desde el cucharón, contrastas con la blancura sobre mi mesa que te recibe en un redondo abrazo. Al caer entregas tu vapor que se eleva arrastrando hacia mi rostro los aromas de las hierbas que ahora contienes. Italia vibra entre tus entrañas a pesar que tu fuente principal era adorada en América desde antes que las carabelas fueran vistas por primera vez desde sus costas. Te hice crecer sobre el calor de mi casa, recibiste poco a poco cada una de las hojas, las semillas, los frutos y los cristales que te fueron formando. Las recibías antes de conocerte, cuando eras apenas una decena de frutos con un par de jarros de agua. Tuviste que ser destrozada para que empezaras a tomar la forma de lo que eres ahora, esperando ser adornada con una hoja de albahaca y terminada de enriquecer con un manotón de migajas de queso y ajonjolí. Tu espeso cuerpo no los deja hundir y sólo la redonda cuchara hará que se unten de ti y se empapen del regocijo que pronto esa misma redondez llevará a mi boca. Ya todos te tenemos frente nuestro y podemos hacerte dar el primer salto hacia nuestra lengua y nuestro olfato. Los llenarás de albahaca, de estragón; la lengua sentirá el picor de tu pimienta mientras los que antes flotaban, ahora se sumergen nadando sobre mis dientes. Los tomates, el fuego, mis manos y algo más formaron la crema que esta noche más que alimentarnos nos lleva al nirvana, al olimpo. Al mismo cielo que los aztecas conocían cuando probaban el fruto que los barbados de piel metálica terminaron llevando a su país y luego al resto del planeta surcando los mares, tan profundos como mi plato.

29 September 2006

Las ideas y los barritos

Si alguien me preguntara cómo surgen las ideas de lo que escribo le explicaría con una cruda analogía: las ideas surgen como los barritos. Un día cualquiera tú vas caminando tranquilo cuando sientes una sensación tirante en la piel anunciando que algo trata de asomarse. Así aparecen las imágenes. Un día cualquiera vas andando por ahí y una asociación de sensaciones engendra un monstruo que quiere salir. Tú lo sientes y no hay nada que hacer porque ya está contigo.

Ahora bien, es tu elección si acudes a la farmacopea para acabar con el barrito que quiere salir. A veces intentas destruirlo por todos los medios y él permanece aferrado, resistiendo, esforzándose porque se le reconozca y se le deje ser. Tú puedes intentar asesinar las ideas a punta de antibióticos pero hay algunas que han desarrollado resistencia y permanecen dándote pelea en tu cerebro hasta que hagas algo con ellas. Van alimentándose de cualquier pensamiento que se te cruce, como un parásito que se aloja dentro de ti. Y se van haciendo fuertes hasta que no queda otra opción que dejarlas salir, impulsarlas a que lo hagan.

Ahí no termina. Como las ideas, unos barritos se atrancan y duelen y enrojecen la piel y te desesperan y hacen que estés pendiente de ellos aunque no surge nada. Sabes que están bajo tu piel, es imposible no notarlo. Los otros también lo ven y no tienes sino la opción de soportarlo. A veces un mechón o un poco de maquillaje los esconden o ellos mismo surgen en sitios que se ocultan fácilmente con la ropa. Pero te incomodan, te desesperan y a veces te agobian y tratas de forzarlos a que salgan. Sufres, te retuerces y con la mayor valentía quieres que tu barrito, tu idea, tome su forma y que la piel se ablande de alguna forma para que salga. Pero sigue allí, te espichas y sale solo una baba insulsa y el dolor permanece. No está listo aún para mostrase; te pide tiempo, a su dolorosa manera. Unos terminan retrocediendo después de los días y un par de semanas después ya no existen. Otros en cambio llegan en manadas y se lanzan a salir como una estampida sin saber tú cual de todos atacar o cultivar primero.

Pero a veces, gracias al cielo, hay unos que aparecen sin dolor, no te preocupas por ellos y sin importarles se fortalecen. Hay alguien que te los muestra o el espejo te los señala. Y tus propios dedos o una mano amiga los presionan para que salgan y obtienes una forma sólida y consistente que te libera y sólo tienes que limpiarte un poco para estar feliz que tu idea tomó forma. Ningún barrito, ninguna idea, se forma impunemente. Después de su aparición ya no eres el mismo, te queda alguna señal, algún rastro, en la piel o en el alma. Y te preparas a enfrentar el próximo, la siguiente inquietud que te empieza a crecer en el cerebro y que no te deja dormir hasta que logras matarla o sacarla a la luz.

Hay formas de evitar los barros: dietas inmaculadas, cremas limpiadoras, peelings y otros tratamientos agresivos. La limpieza impide el surgimiento de los barritos. Por eso las ideas se cultivan de la tierra, del polvo, se te meten bajo las uñas cuando te untas de gente, de bus, de ser humano. Cuando tus ojos se ensucian con paisajes diferentes, cuando tus oídos se llenan de la cera de otras músicas o de voces ajenas, cuando tus dedos tocan pieles ajenas o descubren formas mientras tus ojos no pueden ver. Las burbujas estériles te evitan el contagio de ideas. Tú decides si quieres vivir en la pureza o dejarte contaminar un poco.

10 September 2006

La incertidumbre del escritor (cuento)

Filed under: Literatura

Siendo muy viejo, el escritor descubrió un día que estaba viviendo las situaciones que había creado en sus cuentos. Renegó entonces de no haber incluido el premio gordo de una buena lotería, varias deslumbrantes mujeres que lo sedujeran a cada momento o haber entregado el elíxir de la juventud a alguno de sus protagonistas.

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